El pasado 15 de noviembre, dentro del ciclo Conversaciones sobre la incertidumbre reflexionamos sobre las adicciones a la tecnología, de la mano de Enric Puig e Irene Lozano. Enric es doctor en filosofía, y autor de los libros “La gran adicción” y “El Dorado: una historia crítica de internet”, que plantean la necesidad de un uso más equilibrado de internet y de las redes sociales. Irene es escritora y directora de The Thinking Campus.

En su conversación descubrimos muchos asuntos interesantes. Nuestra atención es lo que está en juego cuando destinamos tanto tiempo al uso de la tecnología, nos advirtieron Enric e Irene. Y aquello a lo que dedicamos nuestra atención es aquello que somos.

LA ODIOSA MULTITAREA

Se ha sobreentendido de forma errónea que somos capaces de hacer muchas actividades a la vez -la odiosa multitarea-, pero la comunidad científica ha consensuado que nuestra capacidad de atención y concentración son limitadas. Del mismo modo, el hipervínculo y la interrupción de nuestras búsquedas en Google evidencia la relación de poder que impone el sistema tecnológico a nuestra voluntad de decidir. Nuestro cerebro no está preparado para la multitarea.

Sin embargo, incluso la publicidad nos anima a convertir nuestra vida entera en multitarea: “Elige todo”, nos dice un anuncio. La realidad es que vivir es elegir, o sea, tomar decisiones y renunciar. Por eso decidir es difícil, porque solemos hacerlo en condiciones de incertidumbre, nos recordó Irene.
El término kairós, o sentido de la temporalidad, da una explicación filosófica al tiempo aplicado al uso de la tecnología. Cada vez que colgamos una foto, o escribimos en Facebook, nos sumergimos en un estado de indeterminación del tiempo, porque no sabemos cuándo nos contestarán ni responderán con un like, y precisamente esa indeterminación es la que nos hace dependientes: necesitamos que nos contesten nuestras preguntas insatisfechas. Sería como una adicción sin sustancia.

LAS RELACIONES HUMANAS

Por otro lado, la tecnología modifica las relaciones humanas descuidando el valor de las interacciones cara a cara; cuando en realidad, la conversación y el lenguaje son lo que nos constituye como seres humanos. Siempre es el encuentro real donde realmente la química, y no las interminables conversaciones electrónicas, marcarán el devenir o las posibilidades reales de toda relación.
Las tecnologías no son neutras a la hora de secuestrar nuestra atención. Donde hay una inversión económica, hay una carga ideológica. ¿Cómo va a ser neutral la tecnología si depende de nuestra dependencia a ella? Internet es útil si sirve como complemento a algo, pero perjudicial si se utiliza como sustitución, insistió Enric.

En un reciente artículo del diario The Guardian, el diseñador del pulgar de Facebook, admitía como verídico el esfuerzo consciente y deliberado de las redes, por captar nuestra máxima atención posible para ponernos a disposición de los anunciantes. Pero lo verdaderamente espeluznante es que a través de compartir información íntima y personal, se podría conocer nuestro estado de “vulnerabilidad psicológica” gracias a los algoritmos del big data, un reciente informe interno de Facebook reveló que esto se ha hecho.

LA NUEVA CENSURA

La red propone una nueva forma de censura en sentido contrario a la tradicional, que era “una mano pegada a una boca”. La censura actual es un “megáfono pegado a la boca”, donde se percibe que si no estás hablando constantemente o publicando algo de tu vida, es como si tuvieras algo que ocultar.
El último bloque abarcó la relación entre los medios tecnológicos, el periodismo y la política. Vivimos un momento con tal saturación de información, que la mayoría de la gente sólo busca reforzar sus propios prejuicios; precisamente lo contrario a los principios en los que se sustenta el debate democrático. La realidad social está cada vez está más fragmentada y vivimos en realidades que no coinciden las unas con las otras. Se ha popularizo el término “círculo de complacencia” que viene a decir que cuando sigues, por ejemplo en twitter solo a los que piensan como tú, puede llegar un momento que creas que todo el mundo piensa así.

Nuestra primera conversación fue todo un éxito. GRACIAS a todos los asistentes por convertirla en un encuentro tan interesante, que nos abrió los ojos, nos ayudó a pensar a todos y a desarrollar una conciencia crítica. No somos impotentes frente a los grandes cambios de nuestro tiempo y en la búsqueda de soluciones.

Os esperamos el 13 de diciembre con una nueva conversación filosófica sobre los sesgos cognitivos y la irracionalidad del ser humano, con Guillermo Lahera y Patricia Fernández de Lis. Será a las 20h en Amalavida Lounge (Metro Gran Vía).

Añadimos la reflexión que nos ha remitido uno de los asistentes a la conversación:

a lo mejor hemos abordado el tema desde una perspectiva predominantemente victimista en el que hay un gigante etéreo que nos maneja y está lleno de intereses para usarnos según convenga. Y, desde luego, no nos falta razón, pero a mi parecer, y desde otro punto de vista, ¿no somos nosotros consciente o inconscientemente los que nos dejamos e incluso invitamos a que nos quiten el tiempo y nos dispersen la atención? ¿No somos los primeros que tenemos como un impulso de evadirnos hasta de nosotros mismos para no tener que hacernos cargo de nada?

Si hacemos el experimento o el ejercicio de estar en una habitación solos, sin ningún tipo de aparato ni estímulo, solo acompañados de nosotros mismos, ¿lo primero que ocurre no es que se nos vienen a la mente un sin fin de pensamientos descontrolados que nos apabullan al menos en primera instancia y que no sabemos gestionar? ¿No es una experiencia hasta cierto punto desagradable? ¿Cuánta gente se acuesta escuchando música, viendo la tele o leyendo un libro (por mucho que hayamos sacralizado la lectura frente a otros hábitos) precisamente para no tener que pasar por ello?

Todo esto me rondaba la cabeza desde el comienzo de la charla cuando abordabais el tema desde la perspectiva temporal y mental, pero volvió a resurgirme con más fuerza hacia el final cuando justo apuntaste a que no somos impotentes; a que precisamente de nosotros mismos emanan las soluciones.

Como caso particular, personalmente, hubo un tiempo en el que yo estaba completamente absorbido por las redes sociales, vivía en otro país y precisamente como no sabía hacerme una vida allí seguí con la mía en España virtual e insatisfactoriamente. El caso es que llegó un momento en que me desconecté de todo como el profesor catalán que acompañaba la charla. Y lo primero que me abrumó fue la ingente cantidad de horas que de pronto tenía para gastar y de las que, por lo tanto, tenía que hacerme cargo. Y simplemente cambié el uso frenético de las redes por la consulta obsesiva de todos los periódicos nacionales atiborrándome de noticias a medida que las publicaban. Obviamente no llevaba una vida sana y algo fallaba en ella. Tiempo después, y resumiendo, dejé de leer también los periódicos y empecé Filosofía, que acabo este año. Fui de un polo al antagonista, del usar mi tiempo para no pensar al usarlo para exclusivamente pensar (y para dar de beber cerveza en el bar jaja).

Todo esto lo digo no para exponer mi vida personal sino porque puede dejar vislumbrar algo interesante:

¿No es simplemente que no tenemos ni idea de lo que es la vida ni lo que debemos hacer con ella que cualquier cosa la usamos de manera evasiva para no tener que plantearnos qué hacer con nuestras vidas? Y hablo de cualquier producto cultural. Apuntabas muy bien al principio que vivimos un tiempo en el que no hay un discurso ni un relato que nos diga cómo debemos vivir. (Justamente mi trabajo de fin de grado que presentaré en junio trata de ello). Hubo un tiempo en que debíamos hacer un papel, debíamos ser actores en un teatro, aprendernos un guion y realizarlo de la mejor manera posible (en pos de recompensas futuras). En el tiempo actual hemos de actuar cual actores pero hemos de ser autores y productores de nuestra propia obra-vida. Y creo que la gente no está dispuesta a hacerlo. Es tedioso, aterrador y agotador.

Hay una película que recomiendo mucho que se llama Las Horas de Stephen Daldry en el que un personaje le dice al otro “no tienes que hacer nada, no tienes que hacer nada que no quieras hacer” y éste le contesta “pero tengo que hacer frente a las horas, y a las horas después de esas horas, y a las horas después de aquéllas…” Y me parece sublime y que tiene mucho que ver en esto.

Desde mi humilde opinión creo que el principal problema y lo que subyace a los modos de comportamiento humano cada vez más dañinos y patológicos es el más antiguo y genuino. Se trata de un tema ontológico y no sociológico o tecnológico. En clave heideggeriana somos el ente al que se abre el Ser, somos el pastor del Ser pero, la dramática situación humana es que no sabemos qué hacer con él.