Un hombre está a punto de meterse en la cama, con su novela preferida en la mano, deseoso de continuar la lectura donde la dejó. En ese momento, ve la expresión de su mujer reflejada en el espejo y se da cuenta de que ha tenido un mal día. Puede renunciar a la lectura, dejar la novela en la mesilla e interesarse por ella, dándole cariño y conversación. La segunda opción es seguir con su plan y ponerse a leer. El protagonista de la escena es John Gottman, psicólogo americano que lleva medio siglo estudiando las relaciones amorosas. En situaciones como ésa se abre lo que él llama la puerta corredera: la oportunidad de responder a las necesidades emocionales de la pareja. No dura mucho: si se desatiende esa necesidad, se esfuma. Si se atiende, la confianza se refuerza y la pareja también. La confianza es mucho más amplia que la fidelidad. Consiste en cómo se responde a decenas de preguntas pequeñas en el día a día: ¿Estarás ahí cuando tenga un mal momento? ¿Puedo confiar en que me escucharás? ¿Me antepondrás a otras personas? Y todo el etcétera que conocemos.

Gottman le da vueltas a cómo aplicar sus estudios a la sociedad. Seguro que le interesaría el Ulises, el estudio sociológico de 20 Minutos que refleja una baja confianza social en España: no llega al 4 sobre 10. Podría ser peor, como en Brasil, donde sólo el 2% confía en la gente, o mejor, como en Noruega, donde alcanza el 60%. Lo más llamativo del Ulises es que esa baja confianza viene acompañada de una baja seguridad, no ligada a la criminalidad, sino a la incertidumbre y el miedo. Nos sentimos inseguros respecto a nuestro futuro como país.

Todo procede del mismo origen, de puertas correderas sociales que se han abierto en su momento y las elites han cerrado para mal. Los ciudadanos preguntan: ¿Puedo confiar en que tendré trabajo cuando acabe la Universidad? ¿En que tendré pensión cuando me jubile? ¿En que cobraré un salario decente y mejoraré si me esfuerzo? ¿Puedo confiar en que los medios me informarán de la realidad y no de acuerdo a sus inclinaciones políticas? ¿En que los gestores del dinero público no se lo llevarán a Suiza? La respuesta sigue siendo “no”, ocho años después de la crisis. Decía Nietzsche que una sociedad es un catálogo de promesas, implícitas o explícitas, que alguien debe encargarse de cumplir. El 15M fue el estallido de una sociedad decepcionada con los incumplimientos. Las puertas correderas siguen abriéndose, pero en días como estos tenemos la impresión de que, más que cerrarla, nos dan con ella en las narices. Atentos, porque aunque nos parezca que nuestra relación de pareja es fuerte, de las elites no podemos divorciarnos.

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