El pasado 13 de diciembre, dentro del ciclo “Conversaciones sobre la Incertidumbre”, tuvimos la suerte de contar con Guillermo Lahera, psiquiatra y Patricia Fernández de Lis, periodista científica quienes en una conversación sublime, dialogaron sobre la irracionalidad del ser humano. Vamos a tratar de resumir los puntos clave.

Guillermo señaló como idea esencial desde el principio, “que el límite entre la enfermedad mental y la supuesta normalidad no es nítida como parece”. De hecho, “son las sociedades más patológicas las que diferencian en exceso a los enfermos mentales de las personas sanas” argumentaba Guillermo.

Por lo tanto, el planteamiento de que las personas sanas supuestamente, son las racionales y los enfermos mentales los irracionales, es un enfoque retrógado y cuestionado hoy en día en múltiples investigaciones en pacientes con depresión y esquizofrenia. “Probablemente, es la irracionalidad optimista la que ayuda a adaptarse mejor a personas sin trastorno mental, mientras que el excesivo realismo, por ejemplo en el paciente depresivo, le lleva a sufrir más y desadaptarse”. Estos conocimientos sobre la investigación en salud mental, le sirvieron a Guillermo cono marco teórico para desentrañar los fenómenos actuales que estamos viviendo como sociedad durante la conversación con Patricia.

Patricia, reflexionaba sobre ”lo difícil que resulta hoy en día luchar como periodista contra las fake news y con el triunfo de la irracionalidad y de las teorías de la conspiración en las redes sociales, en fenómenos o asuntos triviales que muchas veces no afectan a la identidad de los sujetos, como discutir si la tierra es plana”.. Guillermo respondía que “aunque a todos nos deje perplejos la irrupción del fanatismo; la solución no es pensar que la gente ignorante sea irracional y nosotros los racionales. Desde la neurociencia, se ha demostrado que nosotros también tenemos gran componente de irracionalidad y no hay que negligirlo”.

En el campo de la economía, el premio Nobel Kahneman en su libro “Pensar rápido, pensar despacio”, criticó la clásica teoría económica evidenciando que hay decisiones que no se basan en la racionalidad. Del mismo Ariely, en Las Trampas del deseo, alude a nuestro comportamiento irracional en el consumo. De hecho, para Guillermo, “los profesionales del marketing, la política y la publicidad son los verdaderos especialistas en conocer la mente humana”

Guillermo insistía en su reflexión de que” las ideas provienen de las emociones y que se ha sobrevalorado la racionalidad del ser humano. Creemos que cuando alguien llega a conclusiones lo hace de manera lógica y deductiva, pero cuando los pacientes cuentan su preocupaciones en la consulta, su discurso depende de su estado de ánimo”. Por lo tanto, apuntaba Guillermo, “la idea disparatada de que la tierra es plana, procede de una determinada emoción, por ejemplo, miedo y perplejidad ante la incertidumbre de una realidad difícil de prever parecida a la realidad que temen los pacientes que deliran cuando tienen un episodio psicótico”. “A veces la realidad ficticia se convierte en más manejable”, comentaba Guillermo.

“¿Cómo se puede combatir la ignorancia y la falsificación de la verdad?” preguntaba Patricia a Guillermo quien contestaba que “las creencias en el ser humano, son difíciles de modificar ya que tendemos a adherirnos a ellas para etiquetarnos como miembros y formar parte de un grupo” “Así opera la ideología que es una excusa para no pensar”, opinaba Guillermo. “Tú dices lo mismo que las personas con tu ideología, pero no lo has razonado por ti mismo”

En ese momento, el debate catalán ocupó un lugar relevante en la conversación, por la carga emocional brutal, en la que los argumentos racionales han pasado a la historia. Según Guillermo, “cuando se enconan los conflictos, los políticos deberían dejarse asesorar por psicólogos para entender que la pregunta clave consiste en descifrar qué emoción hay detrás de determinada ideología: miedo, rencor, odio?”

En esto consiste la cognición social, el área principal de estudio para Guillermo. “Hay que reconocer la emoción en el interlocutor, y no exponer de manera reiterativa nuestra racionalidad para convencerle. Al igual que con los pacientes delirantes, no sirve meter miedo, sino que la solución pasaría por ganarnos su confianza como paso previo a desinflar su discurso. Pero cuando se recurre a la agresividad, hay que aplicar la ley con medidas coercitivas para proteger la seguridad”, metáfora que se puede trasladar a nuestro conflicto político actual.

Sobre soluciones ante la resolución de conflictos, Guillermo recomendaba “no utilizar las banderas para buscar una reafirmación. La guerra es la consumación del enfrentamiento entre el ellos frente al nosotros. Hay que reconducir esta crisis con liderazgo”.

Quizás la química también tenga la solución en el futuro, ya que Guillermo explicó el papel tan relevante de la oxitocina intranasal, sustancia maravillosa que secreta el hipotálamo, por ejemplo, tras el postparto y el orgasmo fortaleciendo los afectos en las relaciones. Se ha demostrado que grupos humanos muy cohesionados pueden generar esta hormona, y gestos como fomentar el contacto físico, mirar a los ojos, el intercambio de mensajes, la mezcla de gente y el diálogo real pueden incrementar dicha sustancia”.

El siguiente bloque, lo ocupó “la irrupción de las redes sociales que de alguna forma está destrozando la sociedad en la que vivimos”, comentaba Patricia. Guillermo apuntó que “nuestro cerebro no está diseñado ni preparado para la revolución tecnológica; y que la exposición brutal a cantidad ingente de información, hace que muchas personas colapsen”. “La exigencia de las redes de ser muy reactivo respondiendo con un me gusta /no me gusta hace que se desgaste el cerebro. “Aunque el mindfulness o la atención plena al presente se haya puesto de moda como antídoto; resulta insuficiente que la gente haga retiros de dos días y en sus rutinas diarias no cambien”, opinaba Guillermo.

El cambio tecnológico nos expone a un mundo incierto, complejo y global donde la racionalidad se pierde y todo va deprisa. Hemos aceptado las redes sociales sin discutir ni rechistar, pero hoy en día sabemos que son malas para la democracia y nos estamos dando cuenta tarde”, comentaba con preocupación Patricia.

A Patricia le impresiona “el efecto llamada del primer comentario en las redes sociales al comentar una noticia. Si el primer comentario resulta amable, la conversación discurre en tono amable siendo todo lo contrario cuando el primer comentario es deleznable”. Guillermo insistía “en la necesidad de reevaluar la idea del ser humano racional y templado; ya que en determinadas condiciones ambientales donde predomina el anonimato, el ser humano puede tender al fanatismo y a la conducta inmoral como desgraciadamente se ha puesto en evidencia en momentos clave de la historia”.

Según Patricia, los medios periodísticos y la política han pecado de cuarto poder, y es ahora cuando están aprendiendo desde la humildad que la realidad tiene muchos matices. “Hay que hacer un ejercicio de transparencia”. Patricia se mostraba negativa respecto al futuro. “La situación de los medios es delicada. Las estadísticas dicen que la estancia media en una noticia leída de forma digital es de 15 segundos. Los lectores q leen el papel, están de media entre 30 minutos y 45 minutos siendo la lectura más reposada. En la presa digital, la gente hace un salto entre titulares y no reposan las noticias”. Pero la responsabilidad es solo de los medios o es de todos nosotros? “Tenemos que ser consciente de que cada vez que damos un click a una información falsa, estamos perdiendo todos”, opina Patricia.

La lucha contra las pseudociencias y el pensamiento mágico, ocupó su espacio en el turno de preguntas. Patricia señalaba que “desde el periodismo científico, tratan de ser combativos contra los movimientos escépticos y que es responsabilidad de los medios elegir noticas científicamente relavantes” . Pero muchas veces, “los científicos no se atreven a ser divulgadores por el miedo al acoso”

Guillermo apuntaba a que la irracionalidad del pueblo puede venir de la desinformación. “Se necesita transparencia, es responsabilidad de los colegios profesionales transmitir los tratamientos adecuados. “Los científicos deben sensibilizar a la gente sin tener miedo a la divulgación, tarea a veces denostada entre nuestra comunidad científica”.

Ambos estaban de acuerdo en que iniciativas como la de The Thinking Campus pueden ser la clave. “Hay que enseñar a la gente a pensar porque es saludable y preventivo. Guillermo alabó la necesidad de evaluar mucho nuestra propia irracionalidad, conocerla y aceptarla; y tratar de aproximarnos al otro con empatía y cognición social”.

Por ejemplo, en el museo del holocausto en Amsterdam, a la salida existe un ordenador con dilemas morales donde responder a unas preguntas. “Hay que generar una idea individual de conciencia. Aunque parezca una contradicción: aceptar nuestras tendencias instintivas, no va en contra de la filosofía, sino que la reafirma”, opinaba Guillermo.

Nos quedamos con esta reflexión final: ” La racionalidad es más eficaz cuando reconoce sus propias limitaciones; y con la idea de que la combinación de emoción y razón es más adaptativa que la razón sola a secas”.

Seguiremos trabajando en ello. Hasta la próxima conversación sobre la incertidumbre.

Feliz año 2018 a todos.